Frases como “cuando tengo algo de dinero no puedo evitar gastarlo”, “a veces compro cosas que no le enseño a nadie porque me siento culpable”, “compro cosas que no necesito” o “suelo comprar sin ningún control”, son afirmaciones en las que se ven reconocidas las personas con un problema de adicción a las compras. No se sabe bien cuántas personas se encuentran en esta situación, pero lo cierto es que fechas como las Navidades, con los consabidos regalos de Reyes, o las rebajas que se avecinan pueden acentuar este problema.

Las compras compulsivas y no planificadas de artículos que no se necesitan, por un importe que muchas veces supera las posibilidades económicas que una persona tiene y le llevan a endeudarse, o que tienen el objetivo de mejorar la autoestima a través de los productos que se adquieren, podrían ser a grandes rasgos las características que definen a un adicto a las compras.

Sin embargo, lo difícil es diferenciar los excesos propios de las compras navideñas o de las rebajas de una verdadera adicción. Una de las diferencias está en que el consumo abusivo debe mantenerse en el tiempo para considerarse adicción, y no darse solo en una época determinada del año, ya que si en estas fechas nos tuviesen que diagnosticar este problema, muchos seríamos los que podríamos caer dentro de esta categoría. Otra característica diferencial sería que tenga consecuencias negativas para quien la practica, y aún así la mantenga.

Una idea falsa en torno a las compras compulsivas es que son las mujeres las mayores adictas, cuando en realidad la diferencia está sólo en el tipo de productos que adquieren unos y otros. Las mujeres se decantan más por las joyas, la lencería o los cosméticos; mientras que los adictos varones compran móviles, informática, tecnología, etc. De modo que una cosa es que a las mujeres les guste más ir de compras y otra muy distinta es que sean más adictas.

En cuanto al tratamiento, como todos los adictos, los adictos a las compras se pueden recuperar de su problema, aunque el primer paso que deben dar es reconocer que tienen un trastorno. Una vez valorado el trastorno, las técnicas conductuales de control de los impulsos y las cognitivas pueden ayudar a desengancharse. De modo que si es feliz con lo que compra, usa los artículos que adquiere y gasta dentro de sus posibilidades, no se preocupe, tal vez no sea más que un poco consumista; quizás un poco más en estas fechas.

Fernando Bermejo.

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