Quiero morirme

Muchas personas que se sienten profundamente tristes, vacías, desgraciadas y desesperanzadas ven en suicidarse la manera de “resolver” o “salir” de la situación en que se encuentran.

Algunas personas consideran el suicidio como la solución más fácil, ya que quitarse del medio es la forma más rápida y sencilla de acabar con el sufrimiento de un plumazo. Otras lo definen como una respuesta de cobardes, al considerar que es consecuencia de no verse capaz de enfrentarse a una situación adversa y buscar formas alternativas para salir adelante. Para otras, el suicidio es un acto que requiere una enorme fuerza y valentía, pues supone desprenderse de todo, incluida la propia vida.

Sea una u otra la forma de entender el suicidio, lo cierto es que a las personas que se encuentran en esta tesitura les envuelve un profundo sentimiento de tristeza, un profundo vacío y una profunda desesperanza, consecuencia de un trastorno mental que se caracteriza por un pensamiento distorsionado que les impiden ver la realidad de manera adecuada y sentirse capaces de buscar otras posibles soluciones al sufrimiento o a la situación que la persona percibe como abrumadora, ya sea el fallecimiento de un ser querido, aislamiento social, problemas familiares, conflictos interpersonales, dificultades académicas, una ruptura de pareja, enfermedades físicas graves, problemas económicos, etc.

Pero ante esto, nos podríamos preguntar qué es lo que hace que ante las mismas situaciones desestabilizadoras que pueden llevar a unas personas a decidir acabar con su vida, otras decidan enfrentarse a ellas y buscar otras soluciones alternativas al suicidio.

Son diversas las variables que pueden ayudarnos a hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y crecer incluso ante ellas. Por ejemplo, es importante disponer de buenas relaciones con familiares cercanos, amistades y otras personas importantes en nuestra vida, aceptando su ayuda y apoyo.

Es conveniente que tengamos en cuenta que, aunque no se pueden evitar las situaciones adversas, se puede cambiar la manera de interpretarlas y reaccionar ante ellas, tratando de mirar más allá del momento presente y pensando que en el futuro las cosas mejorarán. Sin embargo, en ocasiones las dificultades vienen dadas por situaciones que no es posible cambiar. Aceptar que estos cambios son parte de la vida nos puede ayudar a centrarnos en aquello que sí podemos cambiar y a adaptarnos a las nuevas circunstancias.

Debemos desarrollar metas realistas, que por muy pequeñas que nos parezcan serán logros que nos servirán para el día de hoy y nos ayudarán a caminar en la dirección hacia la cual queremos ir, acercándonos a nuestras metas.

Es momento también de confiar más en uno mismo, mirando otros momentos en los que hemos salido adelante y tratando de considerar la situación desde una perspectiva más amplia.

No perdamos la esperanza, visualicemos lo que queremos conseguir en lugar de estar centrados en la preocupación o en la situación abrumadora actual, siendo conscientes de que la situación cambiará con el tiempo y la desesperación irá decreciendo.

Todo ello, sin dejar de interesarnos y participar en actividades que disfrutemos y encontremos relajantes, o que en algún momento disfrutamos de ellas, aunque ahora hayan perdido parte de ese poder gratificante.

Y tener presente que no son las diferentes situaciones adversas que van apareciendo a lo largo de nuestra vida las que nos llevan a dar el mal paso de necesitar apartarnos de la vida para dejar de sufrir, sino que es el modo de afrontar cada una de ellas, así como la desesperación del momento ante los sentimientos de tristeza, vacío y enfado con el mundo y con nosotros mismos, lo que hace que demos menos valor a la vida y veamos en perderla la “solución” a nuestros males.

Busca en cada una de las recomendaciones que te ofrecemos, cual puede ser tu ancla… Agárrate a la vida…

Fernando Bermejo.

¿Necesitas Ayuda?
Entra en Tu psicólogo online y Tu psicólogo al teléfono.
Estamos cerca de ti.

Tus psicólogos, más cerca

Buscar un psicólogo no es tarea fácil. Tienes la incertidumbre de dónde ir, a quién buscar, dónde encontrar la persona que te pueda ayudar, etc. Y sobre todo, si darás con alguien con quien sintonices, te sientas cómodo y te entienda. Y más cuando se trata de contar tus problemas a un desconocido. Pues bien, todo esto es lo que intentamos ofrecerte en el Instituto de Psicología PSICOMED, en Collado Villalba y Collado Mediano. Pensamos en ti, y queremos que te sientas entendido, en un ambiente cálido, sin sentirte extraño.

Te ofrecemos la ayuda que necesitas en el lugar o en la zona en que vives, en un horario compatible con tu trabajo, familia, o demás circunstancias de tu vida. Si vives en Collado Villalba, Collado Mediano, Cercedilla, Navacerrada, Los Molinos, El Escorial, Guadarrama, Alpedrete, Becerril de la Sierra, Moralzarzal, Cerceda, etc., estamos cerca de ti.

Fernando Bermejo

Instituto de Psicologia PSICOMED

www.psicomed.es

El equilibrio emocional en los hijos: el papel de los padres

Muchos padres pagarían a quien les facilitase la receta que les asegure el desarrollo autónomo, equilibrado y maduro de sus hijos. Y lo haría porque son conscientes de que ésta no es una tarea sencilla, ni se consigue de forma inmediata ni a través de una fórmula mágica. Sin embargo, a pesar de no existir una receta, factores como la autonomía, la autoestima, la responsabilidad o la tolerancia a la frustración son claves en la infancia y la adolescencia para prevenir daños en la salud psicológica de la edad adulta. Estos factores protegen el desarrollo y deben fomentarse por parte de los padres ya que aumentan las posibilidades de los hijos de crecer de una forma equilibrada desde el punto de vista psicológico.

Fomentar la autonomía en los niños ayuda a dotarles de un carácter independiente. Pese a que necesitan la orientación de los padres, han de aprender a tomar decisiones por sí mismos y asumir responsabilidades de manera progresiva, sin la constante atención de los padres. Para ello es suficiente con proponer, explicar y supervisar las tareas, pero dejando que sea el niño quien la realice aunque tengamos que ir corrigiéndole. Pero para ello, resulta crucial otorgar sólo aquellas responsabilidades que se ajusten a la edad del niño, asegurándonos de que están al alcance de sus posibilidades. También, que vayan tomando sus propias decisiones y aprendan de sus errores.

También es importante fomentar la autoestima y la seguridad en uno mismo, de modo que el niño sea capaz de darse un valor positivo a sí mismo para ganar confianza y tomar sus propias decisiones y prevenir un carácter inseguro durante la vida adulta. Un modo de conseguirlo es destacar los logros merecidos. Y es que, en ocasiones, se da más importancia a corregir los errores que los niños cometen y se obvian sus aciertos, y se tiende a censurar al niño en su totalidad más que al acto en sí.

En cuanto a la responsabilidad, es un factor muy ligado a la autonomía, que supone que el niño sea consciente de sus actos, tome decisiones y tenga capacidad para reconocer sus errores y solucionarlos con sus propios medios. Es importante porque le va ayudar a adaptarse en entornos donde hay normas que cumplir y a comprometerse con las tareas que se inicie.

Pero si hay una tarea difícil para los niños y los adultos, esa es controlar la frustración que se siente; es decir, aceptar que algo es diferente a lo que se ha imaginado o deseado y aceptar las equivocaciones propias. Para ayudar a los niños en esta tarea es necesario responsabilizarles de sus fallos hasta que interioricen que es un sentimiento natural que se puede dar en cualquier contexto y ante el cual no se hay que asustarse, enfadarse ni llorar, sino que es una oportunidad para superarse, sacar el máximo partido a esa situación y aprender de cara al futuro.

Todos estos factores protectores del desarrollo se encuentran conectados entre sí, de forma que si se fomenta la adquisición de uno de ellos repercutirá de manera positiva en los demás. Y como decía al principio, no hay una receta ni fórmula mágica para lograrlo, sino que es con unas dosis adecuadas de paciencia, firmeza y afecto como se pueden sentar las bases para que nuestros hijos crezcan sanos desde el punto de vista psicológico.

Fernando Bermejo.

¿Necesitas Ayuda?
Entra en Tu psicólogo online y Tu psicólogo al teléfono.
Estamos cerca de ti.

Educar en el optimismo

Entre las enseñanzas más útiles que los padres pueden transmitir a sus hijos está que aprendan una actitud saludable frente a la vida y prepararles para tratar con las dificultades y desafíos que se les presenten de una manera eficiente. Uno de los caminos para lograrlo es ayudarles a ver el lado positivo de las cosas, lo cual no tiene que estar ligado a la ingenuidad o al engaño. Además, es recomendable hacerlo desde la infancia más temprana ya que pensar de manera positiva hace que los niños se sientan mejor.

Enseñarles a pensar en positivo va en contra de la tendencia natural del individuo: centrarse en lo negativo y en las amenazas que suponemos que nos rodean. Para ello se trataría de no centrarse solo en lo doloroso, en la adversidad o los contratiempos, sino en ser capaces de abarcar también aquello que sí que funciona, lo que es valioso y en las oportunidades y aprendizajes que surgen a partir de las contrariedades.

Mirar también hacia el aspecto positivo, aunque nos pueda suponer un esfuerzo, permite ampliar la visión de realidad y aumentar nuestro bienestar. Y no hay que caer en considerar que el optimismo consiste en repetirnos a nosotros mismos pensamientos felices porque esto puede proporcionarnos cierto bienestar por un momento pero no ayudan por mucho tiempo. Se trata de prestar atención y hacer nuestra esa otra parte de la realidad que muchas veces ni siquiera vemos.

Por tanto, son muchos los beneficios de ayudar a los niños a construir una visión optimista, que les proporcionará una visión más sana de la vida. Además, está demostrado que el optimismo incrementa su autoestima y seguridad en sí mismo. Y también que el optimismo y el pesimismo no son innatos, sino que procede de la realidad: los niños aprenden su estilo explicativo de sus padres, profesores, compañeros y amigos, es decir, de todo su entorno desde la infancia. Aprenden a responder ante la adversidad como su entorno más directo responde, y ese modelo les acompañará sin cuestionarlo mucho tiempo o, incluso, toda la vida.

Como cualquier persona, cuando un niño hace algo mal o algo le sale mal se pregunta por qué, quién tiene la culpa, cuánto tiempo durará, en qué medida me afectará, etc. Aquí es donde los padres pueden enseñar cómo abordar las respuestas desde una visión más amplia y positiva. Compartir los pensamientos positivos con los hijos o reformular sus frases negativas para que puedan descubrir la parte beneficiosa, son algunas herramientas que pueden ser útiles a los padres.

Fernando Bermejo.

¿Necesitas Ayuda?
Entra en Tu psicólogo online y Tu psicólogo al teléfono.
Estamos cerca de ti.

Llega la Navidad

Cuando pensamos en la Navidad, solemos asociar este periodo a momentos que tienen que ser de alegría, disfrute y buenos propósitos, también de reconciliación y estar acompañado, compartiendo momentos y emociones. Sin embargo, en muchas ocasiones ocurre más bien al contrario, y para muchas personas se convierte en un tiempo que temen y desean que pase cuanto antes mejor al representar para ellos tristeza, nostalgia, soledad, tensión, angustia, ansiedad, conflictos familiares, y en definitiva, malestar o incomodidad. Este malestar puede aparecer por diversos motivos: la Navidad puede hacer más visible el dolor por la ausencia de un ser querido que ha muerto o se encuentra lejos, la nostalgia de Navidades pasadas, el incumplimiento de las expectativas creadas e ilusiones puestas en torno a estas fiestas, se hace mucho más patente la soledad en personas con un entorno social y/o familiar escaso o deteriorado, el marcado carácter consumista de esta época en caso de estar asociado a una posible falta de recursos económicos, o la falsa creencia, muy extendida y potenciada por los medios de comunicación, de que en estos días todos tenemos que estar alegres y felices, cuando muchas veces nada de esto tiene que ver con la realidad de muchas personas con problemas económicos, personales, laborales o de pareja.

Por otro lado, son fechas que nos obligan a relacionarnos con familiares con los que no tenemos mucho contacto o cuya compañía no nos es grata, o que facilitan que salgan a relucir los trapos sucios que nos hemos ido guardando, pero que tras una buena comida, y más si la hemos regado con un buen, o mejor dicho, con mucho vino, lleva a que una celebración termine convirtiéndose en una batalla.

Y son fechas en las que también son numerosos los conflictos que surgen dentro de la propia familia o se hacen más visibles. Se trata de conflictos que quizás estén presentes durante el resto del año, pero que pasan más desapercibidos o se les da menos importancia, mientras que se viven más intensamente en Navidad; o aquéllos que surgen de las situaciones propias de este periodo, como decidir el lugar donde juntarse para comer y cenar, el menú a elegir, los regalos que comprar, etc.; o los conflictos que aparecen al ser un periodo en que las familias disponen de mayor tiempo para estar juntos, cuando en el resto del año las ocupaciones de cada uno hace que el contacto entre ellos sea más escaso.

En definitiva, la Navidad es para muchas personas algo distinto a turrones, belenes, regalos, celebraciones, deseos de felicidad y oportunidades para relacionarse y compartir con los demás. Pensemos también en ellos, e intentemos ayudarles a recorrer este periodo no solo deseándoles una Feliz Navidad, sino preguntando y comprendiendo cómo se sienten, y haciendo que sea más feliz “su” Navidad.

Fernando Bermejo.

¿Necesitas Ayuda?
Entra en Tu psicólogo online y Tu psicólogo al teléfono.
Estamos cerca de ti.

¿Necesito un psicólogo?

¿Cuándo acudir a un psicólogo?, ¿me podría ayudar ir a un psicólogo?, ¿necesito la ayuda de un psicólogo?. Estas y otras preguntas similares son frecuentes cuando nos planteamos solicitar la ayuda de un profesional y, desgraciadamente, suelen aparecer a consecuencia de estar sufriendo un importante malestar psicológico, en muchos casos desde hace bastante tiempo.

Sin embargo, no dudamos tanto el pedir ayuda cuando estamos ante otras dificultades y contrariedades que se nos presentan en nuestra vida cotidiana, donde nos vemos obligados a tomar decisiones con prontitud. Pensemos en nuestra propia casa, cuando observamos una grieta, una humedad, un radiador que gotea o un problema eléctrico. Solemos actuar con celeridad ya que identificamos claramente el problema, y sabemos claramente hasta qué punto nuestros propios recursos son suficientes para resolverlo. Raramente permanece en el tiempo la pregunta: ¿llamo a un electricista? o ¿llamo al fontanero para que me revise la instalación?.

Pero no hacemos esto mismo con nuestra salud psicológica, lo que tiene que ver evidentemente con su mayor complejidad y con el intento que solemos hacer de resolver nuestros problemas nosotros mismos, convivir con ellos o esperar que desaparezcan por sí solos, o lo que es peor, soportarlos creyendo que necesariamente son parte de la vida misma. Algo es cierto, los problemas, las dificultades y el malestar psicológico son parte de la vida, como lo son las piedras que nos encontramos en un camino y nos hacen tropezar e incluso caer, pero no lo es creer que no podemos hacer nada al respecto, ya sea por nosotros mismos o contando con la ayuda de un psicólogo, ayuda que muchas veces llega cuando llevamos tiempo y tiempo soportando moratones y magulladuras, si no en el suelo sin levantarnos.

Nos cuesta reconocer que necesitamos ayuda. ¡Déjame, que yo puedo solo!, es otra de nuestras expresiones favoritas aún cuando demos muestras de que no es así y nosotros mismos estemos siendo conscientes. Puede ser impidiendo que nos ayuden a coger una caja, aún cuando a duras penas podemos levantarla de suelo, o cualquier otra situación ante la que tras diversos intentos fracasados seguimos diciendo, ¡déjame, que yo puedo! Creemos que los servicios de un psicólogo no son para nosotros. Inclusive existe, aunque cada vez menos, la idea de que el psicólogo es para cuando se está “loco”. El hecho de enfrentar los problemas y decidir consultar con un psicólogo ya denota un cambio de actitud y el buen comienzo en el camino de la recuperación, en caso de existir un trastorno o, simplemente, un intento de superar nuestras dificultades y fomentar nuestro crecimiento personal.

Entonces, ¿como saber si necesito consultar con un psicólogo?. Esta pregunta se resuelve tomando la temperatura a nuestro malestar. Si nos sentimos mal física, mental y/o emocionalmente, sin causas aparentes, llevamos un tiempo en esta situación y no podemos hacer frente a ella en solitario, entonces es un buen momento para consultar con un psicólogo. Cuando en nuestro vocabulario empiezan a instalarse expresiones como “no aguanto más”, “no puedo soportarlo” o “no sé qué hacer”, o ya no son frecuentes los momentos de calma, alegría y disfrute, y predominan más bien la tristeza, la angustia, el estrés, la amargura, la ira, el rencor, la insatisfacción, el desasosiego, la ansiedad, el miedo, la desesperanza… En definitiva, cuando hemos dejado de ser quienes éramos, y ni nuestros comportamientos, pensamientos ni emociones son los que eran. O si simplemente nos sentimos mal y eso nos afecta o afecta seriamente a las personas con las que nos relacionamos. Entonces es recomendable consultar con un especialista, con un psicólogo clínico.

Fernando Bermejo.

¿Necesitas Ayuda?
Entra en Tu psicólogo online y Tu psicólogo al teléfono.
Estamos cerca de ti.