Esta es una de las decisiones más complejas para los familiares directos de quienes saben que un ser querido tiene un diagnóstico terminal. En este tipo de situación, se plantea un debate entre los derechos esenciales del ser humano a conocer la verdad sobre su vida, y también, el deseo del entorno de querer proteger a esa persona de la conciencia de su propio final. A todo ello hay que sumar también la realidad de que algunos pacientes quieren vivir realmente en la ignorancia de este hecho. Es decir, para algunas personas, conocer esta información puede ser un detonante de hundimiento moral definitivo.

Es cierto que, generalmente, es difícil que un paciente no se dé cuenta de la situación que está viviendo. Sin embargo, en ocasiones, surge un deseo de conocer la situación a medias. Y conviene no juzgar de forma negativa esta especie de autoengaño puesto que hay que asumir la complejidad existencial de la situación: conocer el límite definitivo de la vida, sin poder hacer nada más que asumirlo como tal. No todas las personas se sienten preparadas para ello.

Es una situación compleja en la que no existe una única solución correcta. Es decir, lo más importante en estas circunstancias es el respeto a las familias que actúan siempre con el mejor deseo de hacer el mayor bien al paciente. Aquellas familias que deciden contar toda la verdad lo hacen por el deseo de dar al paciente su libertad de llevar a cabo sus últimas voluntades en vida. Es decir, puede que le hayan quedado cosas por hacer, asuntos sobre los que quiere decidir, y para ello, necesita saber esta información.

Respecto de estas últimas voluntades no solo puede hablarse de la cuestión del testamento, sino también, de aspectos emocionales. Por ejemplo, tal vez el paciente decida mantener una conversación pediente con una persona con la que lleva tiempo distanciada.

En ocasiones, fruto de la duda y de la inquietud que muestra el propio paciente por saber qué le ocurre y el miedo de que le estén ocultando algo, contar la verdad puede ser la mejor respuesta para dar a esa persona la paz que necesita. Conocer la verdad aporta paz porque es la duda lo que puede atormentar a una persona.

Es decir, no es lo mismo la ignorancia real de un paciente que vive ajeno a su realidad definitiva, que quien está en una lucha interior continua.

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