Cuando pensamos en la Navidad, solemos asociar este periodo a momentos que tienen que ser de alegría, disfrute y buenos propósitos, también de reconciliación y estar acompañado, compartiendo momentos y emociones. Sin embargo, en muchas ocasiones ocurre más bien al contrario, y para muchas personas se convierte en un tiempo que temen y desean que pase cuanto antes mejor al representar para ellos tristeza, nostalgia, soledad, tensión, angustia, ansiedad, conflictos familiares, y en definitiva, malestar o incomodidad. Este malestar puede aparecer por diversos motivos: la Navidad puede hacer más visible el dolor por la ausencia de un ser querido que ha muerto o se encuentra lejos, la nostalgia de Navidades pasadas, el incumplimiento de las expectativas creadas e ilusiones puestas en torno a estas fiestas, se hace mucho más patente la soledad en personas con un entorno social y/o familiar escaso o deteriorado, el marcado carácter consumista de esta época en caso de estar asociado a una posible falta de recursos económicos, o la falsa creencia, muy extendida y potenciada por los medios de comunicación, de que en estos días todos tenemos que estar alegres y felices, cuando muchas veces nada de esto tiene que ver con la realidad de muchas personas con problemas económicos, personales, laborales o de pareja.

Por otro lado, son fechas que nos obligan a relacionarnos con familiares con los que no tenemos mucho contacto o cuya compañía no nos es grata, o que facilitan que salgan a relucir los trapos sucios que nos hemos ido guardando, pero que tras una buena comida, y más si la hemos regado con un buen, o mejor dicho, con mucho vino, lleva a que una celebración termine convirtiéndose en una batalla.

Y son fechas en las que también son numerosos los conflictos que surgen dentro de la propia familia o se hacen más visibles. Se trata de conflictos que quizás estén presentes durante el resto del año, pero que pasan más desapercibidos o se les da menos importancia, mientras que se viven más intensamente en Navidad; o aquéllos que surgen de las situaciones propias de este periodo, como decidir el lugar donde juntarse para comer y cenar, el menú a elegir, los regalos que comprar, etc.; o los conflictos que aparecen al ser un periodo en que las familias disponen de mayor tiempo para estar juntos, cuando en el resto del año las ocupaciones de cada uno hace que el contacto entre ellos sea más escaso.

En definitiva, la Navidad es para muchas personas algo distinto a turrones, belenes, regalos, celebraciones, deseos de felicidad y oportunidades para relacionarse y compartir con los demás. Pensemos también en ellos, e intentemos ayudarles a recorrer este periodo no solo deseándoles una Feliz Navidad, sino preguntando y comprendiendo cómo se sienten, y haciendo que sea más feliz “su” Navidad.

Fernando Bermejo.

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