Esta es una de las frases más frecuentes en aquellas personas que son inseguras, y por tanto indecisas ante las situaciones cotidianas de la vida.

En realidad, sí sabemos, todos sabemos tomar decisiones. Lo que sucede es que dudamos de cuál es la decisión correcta, y eso nos paraliza. Tomar una decisión es fácil, siempre que nos sintamos seguros de nosotros mismos. Pero es precisamente nuestra inseguridad la que nos impide tomar decisiones ante la vida. Y junto a ella, nuestros miedos.

Sentirnos inseguros significa no estar centrados en nosotros mismos, sino más bien pendientes de lo que pensarán los demás de nuestra decisión. Por tanto, es fácil no saber tomar una decisión cuando nos basamos en los motivos en los que otros esperan u opinan acerca de esto o lo otro.

Sentirnos seguros de nosotros mismos supone tener una buena autoestima, es decir, una buena relación con nosotros mismos, valorando quienes somos, conociendo bien nuestras virtudes y también nuestras debilidades. Tener seguridad personal supone conocernos a nosotros mismos y conocer nuestros valores y deseos ante la vida.

Cuando estamos ante varias opciones, de las cuales tenemos que tomar una decisión, en primer lugar, como hemos dicho, es importante sentirnos conectados con nosotros mismos, sabiendo quiénes somos y nuestra proyección en la vida. De tal forma, que no estaremos centrados en los demás, en lo que piensan u opinan de nuestras opciones, sino en nosotros.

Ante cualquier cambio en la vida, aparecerán miedos y éstos nos harán dudar sobre si esa decisión será la más adecuada. ¿Y quién sabe qué decisión es la mejor? La única persona que puede valorar lo que es mejor es uno mismo. Podemos equivocarnos, pero el error, inevitablemente, también puede servirnos para aportarnos aprendizaje en nuestra vida.

Además, es probable que no tomar la decisión fuese la peor opción, porque nos bloquearía en el camino, y la consecuencia de esto podría ser mucho peor que las consecuencias que nos puede deparar el camino escogido, ya que se corresponde a nuestros deseos y valores más profundos.

Fernando Bermejo.

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