Cómo disfrutar de las vacaciones

En pocos días o en unas semanas, la mayoría de nosotros comenzará un año más las ansiadas vacaciones de verano. Y serán muchos lo que se planteen el reto de cómo aprovechar lo más posible este periodo tan anhelado, en el que dejamos de lado el trabajo y adquiere un mayor protagonismo el deseo de disfrutar.

Sin embargo, al pensar en las vacaciones solemos depositar unas expectativas muy ambiciosas, y el problema es que, con frecuencia, las ilusiones que ponemos en este tiempo se ven defraudadas. Y es que tener unas expectativas muy elevadas para las vacaciones, lo que probablemente está reflejando son las carencias, frustraciones y sinsabores que sufrimos durante el año, los cuales queremos compensar de alguna manera en unos pocos días. Pero esto está abocado al fracaso, pues en vacaciones también pueden aparecer otras frustraciones y desencantos. Esto es así porque las frustraciones y sinsabores forman parte de estar vivos, y para eso no nos tomamos vacaciones en ninguna época del año.

También puede que tengamos la sensación, al igual que con los pocos momentos de asueto que tengamos durante el día o durante el fin de semana, que las vacaciones terminan pasando muy rápidamente y con la sensación subjetiva de que no hemos hecho todo lo que queríamos ni hemos disfrutado todo lo que deseábamos, o quizás, necesitábamos. Para no que tener la sensación de que se han pasado volando y apenas hemos tenido tiempo de disfrutar, conviene que hagamos muchas cosas pues esto nos dará la impresión de que las hemos vivido muy intensamente. Si queremos que nos parezcan largas y distintas, lo mejor es hacer cosas muy variadas y no dejarse llevar por la idea de que para descansar lo mejor es no hacer nada. Esto es un error, pues al final nos parecerá que las vacaciones no han servido de nada. No es cuestión de no parar e ir corriendo a todos los sitios, sino de organizarnos para aprovechar el tiempo, pues descansar es más bien, cambiar de actividades, ir a otros lugares que no se frecuentan durante el año, quedar con amigos que no solemos ver habitualmente…

Por último, el tiempo que tengamos durante nuestras vacaciones lo podemos convertir en una oportunidad para dar un impulso a nuestras vidas, para cuidarnos y fortalecernos, para buscar un disfrute creativo y enriquecedor, que podamos llevar más allá del periodo vacacional y nos proteja de estrés de la vida cotidiana. Cada persona tenemos nuestras preferencias y gustos, aquello que más nos llena y nos hace felices. Y si no es así es tenemos una buena oportunidad para buscarlo, pues luego, con menos tiempo y metidos en la vorágine diaria de las obligaciones laborales y familiares, será mucho más difícil.

Aprovecha, por tanto, el tiempo de ocio que ahora se avecina y vívelo con intensidad.

Fernando Bermejo.

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¿Somos nuestro peor enemigo?: Una mirada hacia la autoestima

No puedes tocarla, pero forma parte de ti. No puedes verla, pero siempre está a tu lado. No puedes oírla, pero se manifiesta cuando hablas de ti mismo/a. Estamos hablando de la autoestima.

La autoestima viene dada por las actitudes que tenemos hacia nosotros mismos. El nivel de nuestra autoestima tiene profundas consecuencias en nuestra vida: tiene que ver con la medida en que nos sentimos competentes, el trato con los demás, los logros que conseguimos y, en definitiva, con el grado en que estamos satisfechos con nosotros mismos. De tener nuestra autoestima alta o baja, dependerá como afrontemos los retos de la vida.

¿Y cómo sabemos que nuestra autoestima es baja?. Pues bien, una persona con baja autoestima suele ser alguien inseguro, que desconfía de sus propias facultades y no quiere tomar decisiones por miedo a equivocarse. Además, necesita de la aprobación de los demás pues tiene muchos complejos. Suele tener una imagen distorsionada de sí misma, tanto en lo que se refiere a sus rasgos físicos como a su valía personal. Todo esto le produce un sentimiento de inferioridad a la hora de relacionarse con otras personas, por lo que suele estar pendiente del qué dirán o pensarán los demás, pues tiene un miedo excesivo al rechazo, a ser juzgado o abandonado. Aunque es normal tener altibajos, no es bueno tener una baja autoestima permanentemente. Sentir que no somos importantes va a ser un lastre que nos impida caminar en el día a día, y ser felices.

Al contrario, tener una autoestima alta no implica presumir de lo maravilloso que somos sino, más bien, sentirnos valiosos por el hecho de ser quienes somos. No se trata de pensar que somos perfectos, porque nadie lo es, sino que nos queremos y aceptamos, aún con nuestros defectos. Y aunque puede que haya aspectos que tengamos que cambiar necesariamente, de los que no nos sintamos orgullosos, o que han llegado a convertirse en un problema, ese camino lo haremos con respeto, sin críticas exacerbadas y crueles, sin menospreciarnos ni fustigarnos.

Una sana autoestima es necesaria porque nos ayuda a mantener la cabeza alta, mirar de frente a las otras personas y sentirnos orgullosos de nosotros mismos y de lo que podemos hacer y conseguir. Nos proporciona el empuje necesario para estar activos o hacer cosas nuevas, nos permite respetarnos, incluso cuando cometemos errores. Si no nos queremos y respetamos a nosotros mismos, tampoco nos creeremos merecedores de que los demás nos quieran y respeten. Y, probablemente, pensaremos que los demás opinan de nosotros lo que pensamos de nosotros mismos, y que se avergüenzan de nosotros o nos rechazan, al igual que también nosotros sentimos vergüenza y nos rechazamos.

Una sana autoestima nos ayuda a tomar decisiones, buenas decisiones, con menos dudas e inseguridad, y sin necesitar la aprobación de los demás. Si confiamos en nosotros mismos, es menos probable que nos dejemos arrastrar por las opiniones que recibamos de familia o amigos. Seguro que te aconsejarán con su mejor intención, pero si ponemos en sus manos nuestras decisiones, no habremos decidido nosotros, ni asumido nuestras propias responsabilidades.

¿Y cómo elevar la autoestima?. No es fácil cambiar la autoestima. Si lo fuera, seguramente nadie sufriría por tenerla demasiado baja; pero hemos de creer que tampoco hay nada imposible si ponemos realmente empeño en conseguirlo. No hay una receta mágica, ni se consigue de un día para otro, pero sí que nos ayudará evitar ciertos caminos que conducen a una baja autoestima.

Para aumentar tu autoestima ante todo empieza por ser tu mejor amigo/a, saber que no hay nada ni nadie en este mundo más importante que tú mismo/a. Acéptate tal y como eres, con tus cualidades y defectos, pensando que no existe nadie mejor ni peor que tú, aunque todos seamos diferentes. Si habitualmente te centras en las cosas que peor se te dan, fíjate en las cosas que durante el día se te han dado bien, aunque puedan parecer insignificantes. Si habitualmente te criticas o menosprecias, elógiate a lo largo del día, buscando motivos para hacerlo, o mira tus “defectos”, pero con respeto. Prémiate por tus logros, aunque éstos sean pequeños o poco importantes, así te sentirás mejor. Si sientes que eres tu peor enemigo, rechaza los comentarios o mensajes negativos de tu mente, y reflexiona si te atreverías a dirigirlos al peor de tus enemigos. Si estás “peleado” con tu cuerpo, recuerda que tu cuerpo es tuyo, y no puedes huir de él, y aunque te plantees ciertos cambios para sentirte mejor, hasta que eso llegue, si llega, va a ser tu compañero de viaje. Si te da miedo fracasar, no temas cometer errores, asumir responsabilidades o tomar decisiones; si algo sale mal, aprende de tus errores e inténtalo de nuevo. Nadie está libre de cometer errores, y equivocarse no es fracasar. Y si algo no funciona, no pienses nunca que la culpa es sólo tuya. Seguro que hay otros factores que también están influyendo.

A veces nos pasamos la vida queriendo dejar de ser quien somos, sin plantearnos siquiera si el camino más correcto, o incluso más corto, es que aprendamos a convivir con quienes somos, a querernos y a aceptarnos. Piensa que vas a estar contigo siempre, y que establecer una relación de odio y enfrentamiento contigo mismo/a, te va acompañar allá donde estés.

Fernando Bermejo.

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No puedo dormir: ¿son solución las pastillas?

Quién más quién menos, hemos pasado alguna vez por algún periodo en el que hemos tenido dificultades para iniciar el sueño, sufrido frecuentes interrupciones del sueño durante la noche, o tenido despertares muy tempranos. Todo ello acompañado de la sensación de tener el sueño alterado y poco o nada reparador. Esto es lo que podríamos denominar problemas de insomnio.

Entre las causas del insomnio se encuentran la distinta vulnerabilidad de cada persona a padecer este trastorno; el estrés persistente relacionado con el trabajo, la familia o cualquier otra situación estresante; la falta de actividad; el abuso de estimulantes como el café o la nicotina; o el horario irregular que muchas personas tienen por los turnos de trabajo o las horas que dedican al estudio o al ocio. En otros casos, el insomnio puede ser secundario a otros trastornos, como depresión, problemas de ansiedad, dolor crónico u otros problemas médicos.

Pero lo más frecuente, es que el insomnio se deba al proceso que se va instaurando a medida que comenzamos a dormir mal. Por ejemplo, es habitual que cuando dormimos estemos preocupados por no poder funcionar adecuadamente durante el día. Esto hace que al llegar la noche sintamos una fuerte preocupación junto con un deseo intenso de dormir. Pero lamentablemente, este esfuerzo por intentar dormir hace que estemos más tensos, con la mente puesta en dormir y dando vueltas a los problemas que el insomnio está generando. Además, algunas personas pueden hacer de la noche el momento de leer, sentarse frente al ordenador, comer o ver la tele, como alternativa al sueño, a la vez que pueden quedarse dormidas con facilidad cuando no lo pretenden o, si pueden, aprovechan para dormir la siesta para sentir esa maravillosa sensación que durante la noche parece estarles vedada. Todo ello hace que el problema aumente y se mantenga en el tiempo.

Pero, ¿qué hacer cuando este problema se vuelve crónico?. En primera instancia, las personas que padecen este problema suelen pensar en las pastillas para dormir como el medio para combatir el insomnio. Quizás porque todos conocemos alguna persona que toma o ha tomado este tipo de pastillas, o porque desde los laboratorios farmacéuticos se proponen estos medicamentos como la alternativa ideal. Sin embargo, diversas investigaciones demuestran que la terapia psicológica de tipo cognitivo-conductual tiene un impacto importante a la hora de tratar este problema y es la forma más recomendada de abordar el insomnio crónico, al ser tan efectiva como los fármacos, pero con unos resultados a la larga más beneficiosos y menos efectos secundarios.

El tratamiento psicológico se basa en encontrar el origen del problema, por lo que, de conseguirse, el tratamiento del insomnio puede ser simple. Normalmente basta hacer algunos cambios en los hábitos a la hora de dormir ayuda a muchas personas, al igual que identificar los pensamientos y actitudes que interfieren con el sueño. A esto se puede añadir estrategias más concretas, como técnicas de relajación, la higiene del sueño, el control de estímulos, ejercicios de autohipnosis, etc.

Las pastillas para dormir pueden ayudar en algunos casos pero no son una cura para el insomnio. Solamente son una forma de alivio temporal y es mejor utilizarlas sólo por unos pocos días. Contamos con otro tipo de intervenciones, las terapias psicológicas, menos conocidas quizás en este ámbito, para abordar un problema para el que no solemos relacionar el quehacer del psicólogo.

Fernando Bermejo.

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¿Soy dependiente emocional?

La dependencia emocional es una especie de adicción hacia otra persona, una necesidad desmesurada del otro. En su base se encuentra un patrón de necesidades emocionales insatisfechas que la persona intenta cubrir estableciendo una relación de dependencia afectiva donde el dependiente emocional pone su relación con la otra persona por encima de todo, incluyendo a sí mismo. La persona que sufre una dependencia emocional busca la seguridad que le falta en el otro.

El dependiente emocional experimenta una necesidad constante de estar al lado de la persona amada. Su dependencia es tan grande que llega a ser agobiante, pero no acepta de buen grado que el otro reclame su espacio, al contrario, le insta a abandonar sus actividades para que esté a su lado. Suele idealizar al otro, por lo que asume una relación de subordinación. Como tiene miedo de que la relación termine, se comporta de manera sumisa e incluso acepta ser humillado por la persona amada. El dependiente puede llegar a aguantar casi todo, con tal de que la relación no se rompa porque sin ella, perdería el sentido de la vida. También suele tener problemas de autoestima y tiende a recriminarse por sus errores, a minimizar sus logros y maximizar sus fallos. Las personas dependientes suelen buscar continuamente la validación externa, necesitan causar una buena impresión, por lo que intentan satisfacer en todo a los demás. Cuando no obtienen esa aprobación, se sienten mal y lo interpretan como un rechazo.

La dependencia afectiva es un problema que se debe abordar lo antes posible. Algunas de las consecuencias más comunes de la dependencia emocional son las rupturas de pareja repetidas ya que la persona que sufre una dependencia emocional se ve envuelta en un círculo de continuas rupturas y reconciliaciones. También sufre insatisfacción y frustración frecuentes ya que el dependiente emocional nunca encuentra tranquilidad porque incluso cuando tiene a su lado a la persona que ama, le atormenta la idea de perderla. Como resultado, mantiene una relación agobiante que termina dando lugar a desencuentros y discusiones. De esta forma, vive en un estado de insatisfacción y frustración casi permanentes. Otra consecuencia habitual es la pérdida del “yo”. La persona dependiente se va aislando, reduce su actividad social para entregarse por completo a su pareja. Poco a poco, deja de ser quien es, ya que, al centrarse tanto en el otro, deja de pensar en lo que desea o le gusta, y comienza a vivir a través de las necesidades y preferencias de su pareja. De este modo, el “yo” comienza a difuminarse y llega un punto en que ya no sabe si actúa de cierta forma porque realmente le satisface o solo porque desea agradar a la persona que tiene a su lado.

Teniendo en cuenta las repercusiones de la dependencia emocional, no es extraño que estas personas busquen ayuda, una ayuda que irá encaminada a aumentar la autoestima, aprendiendo a valorarse y a no depender excesivamente de la aprobación de los demás, mantener una relación de pareja sana y equilibrada, donde cada cual conserve su individualidad sin menospreciar al otro, cambiar las creencias erróneas sobre el amor y las relaciones afectivas, de manera que adopte una actitud menos demandante, y aprender a convivir y disfrutar de la soledad.

Fernando Bermejo.

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La procrastinación o la costumbre de postergar

¿En qué consiste la procrastinación? Con este término nos referimos a la tendencia a evitar o postergar conscientemente y de modo repetido lo que se percibe como desagradable o incómodo, tedioso, aburrido o pesado de hacer. En definitiva, a dejar para más tarde o para el día siguiente lo que se podría hacer antes.

Hay un dicho que dice “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Pero… ¿cuántas veces dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy?, ¿quién no ha dejado para más tarde algo que podía haber hecho antes?. La mayoría de nosotros dilata cotidianamente un determinado asunto o tarea que consideramos molesta, lo que si responde a un hecho puntual, es normal. Sin embargo, cuando no es así y refleja nuestra forma de afrontar lo cotidiano, se convierte en un problema, en un comportamiento difícil de cambiar que puede estar asociado a diversos trastornos psicológicos, entre ellos, la depresión.

Contrariamente a lo que se piensa, la postergación en raras ocasiones está vinculada a la pereza; no es de vagos ni de personas a las que todo les da igual. Y más allá del falso alivio que pueda generarnos en un primer momento, el posponer interminablemente supone un gran degaste, que va acompañado de una gran culpabilidad y provoca una gran angustia. Cuando postergamos eliminamos la posibilidad de cambiar y avanzar y corremos el riesgo de que otra persona termine por hacer las cosas por nosotros, lo que hace que aún nos sintamos peor.

Para librarse de este perjudicial modo de proceder, es necesario buscar el origen. Muchas veces es el miedo al fracaso frente a ciertas decisiones o tareas; sentirnos incompetentes o temer no estar a la altura y recibir críticas; o por los errores cometidos en el pasado, o por el temor a cometerlos. En otras es el perfeccionismo el que lleva, ante la idea de que todo tiene que ser perfecto, a quedar paralizados cuando planteamos objetivos casi inalcanzables o ante los que no nos permitimos el mínimo error. O es el estado de ánimo o la falta de confianza en uno mismo, el que lleva a la desidia, la apatía y la inactividad.

¿Y cómo salir de este círculo? Solo teniendo una mayor confianza en uno mismo, ya que postergar está también unido muchas veces a la falta de autoestima, los sentimientos de incapacidad y a la tendencia de menospreciar nuestras competencias. También planteando objetivos razonables, centrándonos en lo que sintamos que somos capaces de hacer más que en lo que nos cuesta comenzar, y sin realizar una enumeración interminable de objetivos o tareas por realizar que lejos de incrementar nuestra motivación, acabará por desmoralizarnos.

Y mucho ojo con las distracciones, es decir, aquellas “excusas” que fácilmente encontramos cuando no podemos ponernos con la tarea principal. Ya sea leer aunque sea cinco minutos, ver qué hay en la televisión, ir a la nevera a picar algo o hacer alguna llamada. Se trata de tareas que pensamos nos van a ocupar poco rato, pero que no hacen más que distraernos y que acaban encadenándose una tras otra.

Puede ser una buena estrategia comenzar por la tarea más sencilla, entre una lista de posibles objetivos, o por la que te incomoda, dejando para después, a modo de premio, alguna cosa que te guste como escuchar música, descansar un momento, navegar por Internet, o lo que sea que te resulte placentero.

También puedes dividir la tarea y realizarla por partes, en especial si se trata de algo que lleve mucho tiempo, para no sobrecargarte y avanzar poco a poco.

Es importante también proyectarse para experimentar el bienestar que produce vernos en el momento en que hayamos acabado aquello que nos proponemos y que estamos dejando para después, concentrándonos en todas las cosas positivas que nos va a traer el hacer aquello que estamos dejando para después.

Y recuerda, la actividad lleva a la actividad. Una vez que el motor está en marcha, la inercia que nos da la actividad hace que continuemos con otras tareas. Pero, indudablemente, es cierto, lo más costoso es comenzar, arrancar nuestro motor y para eso tenemos que darnos un buen empujón… de autoestima, de sentimientos de valía y competencia y respeto por uno mismo, con independencia de cómo hagamos nuestras tareas.

Fernando Bermejo.

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Le doy muchas vueltas a las cosas

Una queja bastante frecuente de las personas que acuden a la consulta de un psicólogo es que dan muchas vueltas a las cosas, el pensar demasiado. Aunque no se puede dejar de pensar ni alcanzar el deseo de muchas de estas personas de poder dejar la mente en blanco, lo que sí es posible y deseable es poder pensar en una cosa cada vez, lograr que los pensamientos no sean tan repetitivos o dejar de tener la sensación de que no se puede dejar de pensar en ellos.

A veces dar vueltas a las cosas tiene que ver con que nos empecinamos en algo, en solo una de las posibles opciones, cuando acercarse a la situación desde una perspectiva más amplia puede ayudar a ver puntos de vista alternativos. También es frecuente cuando tenemos que tomar una decisión, suponiendo que pensar bien las cosas es pensarlas durante bastante tiempo. Sin embargo, decidir con cierta agilidad no tiene porqué ser enemigo de tomar decisiones correctas. El problema de dar excesivas vueltas a una decisión es que podemos llegar a paralizarnos, alargando la toma de una decisión y manteniendo muchas veces una situación que requiere tomar tal decisión. Además, dilatar en el tiempo una decisión no hace que tengamos todo controlado, que no se escape detalle. No debemos ceder a la falacia de que dar más vueltas a las cosas nos lleva a tenerlas más controladas.

No es extraño que detrás de las vueltas que damos a las cosas estén nuestras preocupaciones o nuestros propios miedos. Pero pensar demasiado no permite por sí mismo cambiar el motivo de preocupación ni eliminar ningún temor. Más bien, a lo que contribuye es a centrarnos más en ellos, sin llegar a ningún punto. Y el miedo que supuestamente tendría que surgir ante a una amenaza real, se convierte en la respuesta a una amenaza subjetiva, nuestros pensamientos.

Por ello, es importante centrarse en lo relevante, en las actividades cotidianas, en lo que nos rodea, en lo real, en lo objetivo, sin realizar un intento de suprimir tales pensamientos, sin que se convierta en una lucha abierta contra ellos. Es recomendable distraerse e involucrarse en actividades gratificantes, dejar que los pensamientos sean meros acompañantes, y contribuyendo a que se alejen pacíficamente de nosotros. Y, fundamental, no desplazarse en el tiempo, rumiando aspectos del pasado o dirimiendo cuestiones del futuro que no han sucedido ni sabemos si van suceder. Centrarse en el presente, vivir el presente. Viviendo el presente nos permitimos conectar mejor con nosotros mismos y estar así pendientes de lo relevante, de lo que ahora mismo pasa en nuestras vidas.

Fernando Bermejo.

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El chantaje emocional

Manipular es algo común en todos los ámbitos de la vida, desde el individual al social. En todos ellos, el manipulador presenta siempre una serie de rasgos comunes: gran habilidad y sutileza en sus artimañas; sabe perfectamente lo que quieren, y a pesar de las resistencias, normalmente lo consigue; es una persona encantadora, amable y extrovertida; y necesita que el otro actúe como él quiere ya que, en caso contrario, le rechaza la amistad o incluso se dedica a desprestigiarle o perjudicarle al no haber respondido como esperaba.

Entre la manipulación, el chantaje emocional es una forma especialmente poderosa, en la que las personas cercanas a nosotros nos amenazan, directa o indirectamente, si no hacemos aquello que ellas quieren. Es un comportamiento vinculado al maltrato psicológico pues el chantaje emocional funciona porque se instala la culpa en el individuo manipulado, siendo muy alta la probabilidad de que éste ceda a la presión como mecanismo de liberación de su propia tensión o sentimiento de culpa.

Las personas que chantajean emocionalmente suelen ser personas bastante inseguras e inmaduras en los afectos, con temor al rechazo o miedo al abandono. Sin embargo, en otras ocasiones la manipulación es simplemente utilitarista, para conseguir sus objetivos mediante presión sobre los demás. Por su parte, los manipuladores son especialistas en el uso retorcido y sibilino del lenguaje, como medio inefable de suscitar nuestras respuestas emocionales dirigidas a alinearnos con sus deseos y actuar para que los consigan. Seguro que a todos nos suenan estas expresiones, típicas del chantajista emocional:

• Yo que siempre me sacrifico por todos, y mira el pago que me dais.
• No puedes hacerme esto, sabiendo lo mucho que te quiero.
• Tú te diviertes y yo fíjate, aquí, siempre al pie del cañón.
• Me haces falta; no sabría vivir sin ti.
• Lo hago solo por tu bien.

El chantaje emocional es una práctica de maltrato psicológico que denota inseguridad en quien lo practica y servidumbre en quien lo padece. La principal consecuencia es la falta de libertad de la persona chantajeada quien deja de ser ella misma para ceder a los deseos e imperativos del otro.

Y tú… ¿Eres libre? ¿Puedes ser tú mismo/a? ¿Te ves forzado/a a cambiar quién eres para no sentirte culpable? ¿Te ves obligado/a a ser quién no eres para complacer a alguien?

Fernando Bermejo.

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No sé qué decisión tomar

Esta es una de las frases más frecuentes en aquellas personas que son inseguras, y por tanto indecisas ante las situaciones cotidianas de la vida.

En realidad, sí sabemos, todos sabemos tomar decisiones. Lo que sucede es que dudamos de cuál es la decisión correcta, y eso nos paraliza. Tomar una decisión es fácil, siempre que nos sintamos seguros de nosotros mismos. Pero es precisamente nuestra inseguridad la que nos impide tomar decisiones ante la vida. Y junto a ella, nuestros miedos.

Sentirnos inseguros significa no estar centrados en nosotros mismos, sino más bien pendientes de lo que pensarán los demás de nuestra decisión. Por tanto, es fácil no saber tomar una decisión cuando nos basamos en los motivos en los que otros esperan u opinan acerca de esto o lo otro.

Sentirnos seguros de nosotros mismos supone tener una buena autoestima, es decir, una buena relación con nosotros mismos, valorando quienes somos, conociendo bien nuestras virtudes y también nuestras debilidades. Tener seguridad personal supone conocernos a nosotros mismos y conocer nuestros valores y deseos ante la vida.

Cuando estamos ante varias opciones, de las cuales tenemos que tomar una decisión, en primer lugar, como hemos dicho, es importante sentirnos conectados con nosotros mismos, sabiendo quiénes somos y nuestra proyección en la vida. De tal forma, que no estaremos centrados en los demás, en lo que piensan u opinan de nuestras opciones, sino en nosotros.

Ante cualquier cambio en la vida, aparecerán miedos y éstos nos harán dudar sobre si esa decisión será la más adecuada. ¿Y quién sabe qué decisión es la mejor? La única persona que puede valorar lo que es mejor es uno mismo. Podemos equivocarnos, pero el error, inevitablemente, también puede servirnos para aportarnos aprendizaje en nuestra vida.

Además, es probable que no tomar la decisión fuese la peor opción, porque nos bloquearía en el camino, y la consecuencia de esto podría ser mucho peor que las consecuencias que nos puede deparar el camino escogido, ya que se corresponde a nuestros deseos y valores más profundos.

Fernando Bermejo.

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La terapia por Internet

El desarrollo de Internet y de las telecomunicaciones han influenciado enormemente en todas las áreas del saber y del conocimiento humanos. La psicología no se ha quedado al margen y los nuevos sistemas de telecomunicación han posibilitado lo que se ha dado en llamar ciberpsicología.

¿Podemos beneficiarnos de este tipo de orientación, consulta o apoyo psicológicos?

Rotundamente, sí. La tecnología actual permite y facilita que se pueda llevar a cabo desde una consulta a través de correo electrónico hasta la aplicación de un programa de tratamiento a través de Internet, y todo ello de forma cómoda, interactiva, flexible y económica. Los profesionales de Tu psicologo online somos pioneros en España en la utilización de Internet como herramienta terapéutica. Si su problema no está entre los considerados incompatibles con este medio de comunicación, puede recibir asistencia psicológica cómodamente desde su propio hogar o desde el lugar que desee.

La magia de la palabra.

De la palabra parten todas las dudas y las soluciones; la información gestual es sustituida en la consulta por Internet por el estilo, la convicción al escribir, la capacidad de síntesis, la forma de organizar el texto, las inflexiones del habla, la entonación… En la historia de nuestro cliente y en el modo de contarla se esconde el germen de la resolución de sus problemas. Al escribir dejamos un rastro de nuestra alma, un pedazo del corazón… Nuestra labor consiste en determinar las claves de su sufrimiento y ofrecerle la mejor orientación en la resolución de sus problemas.

Confidencias en Internet. ¿Quién dijo que la comunicación no es cálida?

¡Pierda el miedo a consultar sobre sus problemas! Descríbanos su problema o mejor: descúbranoslo. Aplicaremos las estrategias más adecuadas para conocerlo, ofrecerle una explicación sobre sus dificultades y establecer un análisis de los factores que contribuyen o han contribuido a su desarrollo y mantenimiento. De forma similar a la práctica clínica y científica, le proporcionaremos un diagnóstico si es posible, estableceremos una hipótesis sobre la función que tienen sus problemas en su vida y le enseñaremos herramientas psicológicas para aplicar en cada caso y poner fin a sus dificultades.

Sensibilidad y calidez emocional.

En Tu psicologo online también sabemos lo que significa escuchar a nuestros clientes y prestar oídos a sus problemas; y sabemos que escuchando sus problemas se hacen más pequeños para ellos, porque se sienten atendidos y apreciados. Escríbanos sus preocupaciones, sus sinsabores, sus amarguras… Actualmente no tiene sentido que nos resignemos a padecer un trastorno mental o psicológico sin hacer nada por manejarlo, reducirlo o eliminarlo. Desde la primera consulta se verá implicado en una relación terapéutica cálida que favorecerá la resolución de sus dificultades y preocupaciones.

Usted también tiene que poner de su parte.

Normalmente, la asistencia psicológica a través de Internet requiere una mayor implicación y motivación por su parte para la resolución de sus problemas, si lo comparamos con la visita tradicional al psicólogo. Es preciso que posea una cierta habilidad para intercambiar información por vía telemática a fin de facilitar información relevante de cara a la intervención. Aún así, personas que carecen de experiencia en el uso de Internet pueden beneficiarse de la ayuda psicológica que ofrecemos, apoyándose en personas conocedoras de Internet o recurriendo a medios de comunicación más tradicionales, como el teléfono. En Tu psicologo online va a encontrar el servicio más adecuado a sus necesidades y adaptado a sus posibilidades de comunicación.

Fernando Bermejo.

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¿Es una crisis de pareja o el final de la relación?

La mayoría de las parejas atraviesan varias crisis a lo largo de la relación. Las personas cambian con el tiempo, así como sus necesidades, sus deseos y sus sentimientos. Cuando se está en crisis, la angustia, la confusión y los afectos contradictorios pueden ser muy intensos. Y no es sencillo decidir si hay que poner punto y final a la relación.

Los motivos más habituales de las crisis son la incompatibilidad de caracteres y los problemas sexuales. Cuando los miembros de la pareja no se entienden, cuando no consiguen crear en su relación un espacio común satisfactorio, son normales las fricciones. En cuanto a los problemas sexuales, la crisis no viene tanto por la falta de sexo, sino por las consecuencias de la falta de sexo.

Otra de las causas frecuentes de una crisis es la infidelidad, quizás la situación más amenazante para la continuidad de una relación de pareja al tener que enfrentarse al hecho de que la pareja pueda sentir deseos hacia otras personas. Por último, un motivo más de crisis son los problemas de comunicación. Muchas personas no saben comunicarse ni con sus hijos, ni con sus amigos, ni con sus compañeros de trabajo. Y una pareja es una relación muy estrecha e íntima, como para que pueda sobrevivir con esta carencia.

Cuando una pareja está en crisis, el sufrimiento emocional puede ser muy intenso. Cuesta pensar con claridad. Cuesta discernir hasta qué punto vale la pena continuar o no. Es difícil decidir cuándo hay que poner punto y final a una relación de pareja. Sin embargo, cuando la otra persona deja de ser un aliado en tu vida para convertirse en una fuente de insatisfacción, hay que plantearse de manera muy seria la ruptura.

Como es lógico, el principal motivo para romper es el fin del amor. Pero no siempre es sencillo distinguir entre el amor u otros sentimientos, como la compasión hacia la otra persona, el cariño o la amistad. Porque no siempre el amor es lo que une a una pareja. Para saber si hay que separarse, es conveniente tener claro los motivos que no deberían servir para mantener la relación. A veces pueden ser los hijos, el miedo a la soledad, la dependencia emocional, el miedo al qué dirán si se rompe la relación o la dependencia económica. Sin embargo, estos no deberían ser motivos suficientes para mantener una relación de pareja que no está siendo satisfactoria.

En ocasiones, nada puede ayudar a salvar una relación, ni siquiera la ayuda terapéutica. Y aunque muchas personas viven el final de una pareja como un fracaso, no tiene que ser así, ya que muchas relaciones cumplen su ciclo y lo mejor es que cada uno siga su camino. No tiene sentido mantener una relación que no satisface, por los años pasados o por los hijos. El final de una relación no quiere decir que acabe la vida o que uno no podrá ser feliz de nuevo.

Tras una ruptura, conviene no obsesionarse con los motivos que llevaron a ella. Es necesario darse un tiempo para aceptar la nueva situación, pero hay que tener muy claro que la vida continúa pues una ruptura de pareja puede ser la oportunidad para iniciar una nueva vida o para mejorar aspectos de uno mismo.

Fernando Bermejo.

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