El trastorno obsesivo compulsivo puede interferir de forma significativa en la vida cotidiana y causar un gran malestar psicológico. Sin embargo, muchas personas que lo padecen sienten vergüenza de sus obsesiones y compulsiones, de modo que pueden tardar hasta diez años en acudir a un especialista. De este modo, los síntomas se agravan y es frecuente desarrollar otros trastornos asociados, como depresión.

El trastorno obsesivo compulsivo es un trastorno de ansiedad que se caracteriza por sentir obsesiones y compulsiones. Las primeras son pensamientos o imágenes mentales que se presentan de forma espontánea y que a menudo se reconocen como absurdas o sin sentido. Las compulsiones son actos que se realizan para neutralizar la ansiedad provocada por las obsesiones convirtiéndose de llevarse a cabo de forma encadenada, en lo que se denominan rituales.

Una de las formas en que se manifiesta este trastorno consiste en sentir una persona que se contamina al tocar determinados objetos, sin necesidad de que estos estén muy sucios, de modo que necesita evitar el contacto o lavarse las manos para dominar la elevada ansiedad que siente tras tocarlos. Otra forma es sentir una inseguridad tremenda tras realizar determinados actos, como cerrar la llave del gas, cerrar la puerta del coche o conectar una alarma, lo que le lleva a realizar comprobaciones frecuentes, pese a que en el fondo se sabe que son innecesarias. También es muy frecuente tener pensamientos agresivos, obscenos o de contenido sexual inapropiado.

Las obsesiones y las compulsiones provocan un gran malestar y limitan de forma muy evidente la vida personal, laboral o académica. Los individuos que sufren este problema acostumbran a evitar multitud de situaciones habituales. Dedican mucho tiempo a las compulsiones y rituales con los que intentan calmar su ansiedad. El sufrimiento psicológico lleva a muchos afectados a plantearse si son unos pervertidos o están locos, lo que contribuye a multiplicar su angustia.

Sin el tratamiento adecuado, el trastorno obsesivo compulsivo empeora con el paso del tiempo. Sin embargo, quienes lo sufren sienten tanta vergüenza de sus obsesiones y compulsiones, que muchas veces no se atreven a acudir al especialista o cuando lo hacen evitan hablar de todas sus obsesiones.

De cara al tratamiento, primero se trabaja con las obsesiones que el afectado considera menos amenazantes y, a continuación, de manera progresiva, se intenta dominar la exposición y prevención de respuesta, que es una de las técnicas que más apoyo empírico acumula en cuanto a eficacia. Consiste en una exposición gradual a los estímulos que disparan las obsesiones e impide las compulsiones que se utilizarían para calmar la ansiedad. Se complementa con técnicas cognitivas y, en ocasiones, es necesario el apoyo de la medicación para poder abordar este trastorno en toda su extensión.

Pero lo más importante es no dejar que el trastorno se cronifique a la vez que se enmascara o minimiza bajo la justificación de que se solo trata de rarezas o de manías. El sufrimiento que conlleva es el primer indicador de que puede que estemos ante un trastorno que va más allá de simples manías o rarezas.

Fernando Bermejo.

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