La dependencia emocional es una especie de adicción hacia otra persona, una necesidad desmesurada del otro. En su base se encuentra un patrón de necesidades emocionales insatisfechas que la persona intenta cubrir estableciendo una relación de dependencia afectiva donde el dependiente emocional pone su relación con la otra persona por encima de todo, incluyendo a sí mismo. La persona que sufre una dependencia emocional busca la seguridad que le falta en el otro.

El dependiente emocional experimenta una necesidad constante de estar al lado de la persona amada. Su dependencia es tan grande que llega a ser agobiante, pero no acepta de buen grado que el otro reclame su espacio, al contrario, le insta a abandonar sus actividades para que esté a su lado. Suele idealizar al otro, por lo que asume una relación de subordinación. Como tiene miedo de que la relación termine, se comporta de manera sumisa e incluso acepta ser humillado por la persona amada. El dependiente puede llegar a aguantar casi todo, con tal de que la relación no se rompa porque sin ella, perdería el sentido de la vida. También suele tener problemas de autoestima y tiende a recriminarse por sus errores, a minimizar sus logros y maximizar sus fallos. Las personas dependientes suelen buscar continuamente la validación externa, necesitan causar una buena impresión, por lo que intentan satisfacer en todo a los demás. Cuando no obtienen esa aprobación, se sienten mal y lo interpretan como un rechazo.

La dependencia afectiva es un problema que se debe abordar lo antes posible. Algunas de las consecuencias más comunes de la dependencia emocional son las rupturas de pareja repetidas ya que la persona que sufre una dependencia emocional se ve envuelta en un círculo de continuas rupturas y reconciliaciones. También sufre insatisfacción y frustración frecuentes ya que el dependiente emocional nunca encuentra tranquilidad porque incluso cuando tiene a su lado a la persona que ama, le atormenta la idea de perderla. Como resultado, mantiene una relación agobiante que termina dando lugar a desencuentros y discusiones. De esta forma, vive en un estado de insatisfacción y frustración casi permanentes. Otra consecuencia habitual es la pérdida del “yo”. La persona dependiente se va aislando, reduce su actividad social para entregarse por completo a su pareja. Poco a poco, deja de ser quien es, ya que, al centrarse tanto en el otro, deja de pensar en lo que desea o le gusta, y comienza a vivir a través de las necesidades y preferencias de su pareja. De este modo, el “yo” comienza a difuminarse y llega un punto en que ya no sabe si actúa de cierta forma porque realmente le satisface o solo porque desea agradar a la persona que tiene a su lado.

Teniendo en cuenta las repercusiones de la dependencia emocional, no es extraño que estas personas busquen ayuda, una ayuda que irá encaminada a aumentar la autoestima, aprendiendo a valorarse y a no depender excesivamente de la aprobación de los demás, mantener una relación de pareja sana y equilibrada, donde cada cual conserve su individualidad sin menospreciar al otro, cambiar las creencias erróneas sobre el amor y las relaciones afectivas, de manera que adopte una actitud menos demandante, y aprender a convivir y disfrutar de la soledad.

Fernando Bermejo.

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