El término obsesión es definido como “una perturbación anímica producida por una idea fija” o como “una idea que con tenaz persistencia asalta a la mente”. Sin embargo, más coloquialmente solemos hablar de “manías” que de “obsesiones”, pues nos parece que las manías son hasta cierto punto normales y todos tenemos las nuestras. De modo que decimos “tengo la manía de contar los pasos que doy cuando camino”; “tengo la manía de sumar los números de las matrículas de los coches”; “tengo la manía de comprobar varias veces que he cerrado la puerta del garaje”; “tengo la manía de lavarme las manos muchas veces durante el día”; “tengo la manía de leer dos veces lo que estoy leyendo”, etc. Estos serían algunos síntomas obsesivos a los que nos referimos con la palabra “manías”.

Lo cierto es que no todos los síntomas de los llamados “obsesivos” son igualmente graves, sino que más responden a un continuo y habría que tener en cuenta su intensidad y frecuencia, y sobre todo si están ocasionando un deterioro en la vida personal, social, familiar o laboral. Al hablar de continuo, nos referimos a que existen diferentes niveles que van desde el menos grave, que se correspondería con la presencia de rasgos obsesivos, a otros más graves donde estaríamos ante un trastorno de la personalidad obsesiva o un trastorno obsesivo-compulsivo.

Cuando hablamos de rasgos obsesivos, nos estamos refiriendo a la puntualidad, el orden, la responsabilidad, la autoexigencia y la meticulosidad, características que son muy valoradas socialmente y más si cabe el mundo laboral. De modo que este patrón de comportamiento es sinónimo del buen trabajador, que vela por los intereses de la empresa, y que pone en segundo plano los de la familia. Esto lleva a que generalmente la persona sea muy valorado por sus jefes y se muestre muy complaciente, responsable y autoexigente en su trabajo, pero siendo bien distinto en su vida familiar donde probablemente se muestre muy rígido e intransigente.

También podríamos hablar de trastorno de la personalidad obsesiva, cuando los rasgos anteriores son exagerados y producen un deterioro significativo en el ámbito familiar, social y laboral. Las personas con este trastorno se suelen caracterizar por una preocupación excesiva por el orden, la organización y los horarios; una dedicación excesiva al trabajo dejando de lado las obligaciones familiares, sociales o de ocio; la inflexibilidad y el perfeccionismo, la incapacidad para delegar en los demás o la dificultad para ver otros puntos de vista distintos al propio.

El trastorno obsesivo-compulsivo sería el nivel más grave, donde aparecerían obsesiones y compulsiones (rituales) como los ejemplos que planteábamos al principio, pudiendo llegar a provocar una gran incapacidad para desarrollar la vida cotidiana pese a que la persona en muchos casos es consciente de lo absurdo de sus pensamientos y su conducta.

Para resumir, subrayar que las “manías” no siempre reflejan un trastorno subyacente, pero que de ocupar una parte importante del día determinados pensamientos y rituales o “manías”, representar varias de las características antes descritas el funcionamiento habitual de la persona, y sobre todo, perturbar uno o varios ámbitos de su vida, harían necesaria la intervención profesional, ya sea psicológica o psiquiátrica. De modo que estemos atentos, sin obsesionarnos, a determinados comportamientos que lejos de ser elegidos por nosotros, más bien nos hacen ser menos libres.

Fernando Bermejo.

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