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El equilibrio emocional en los hijos: el papel de los padres

El equilibrio emocional en los hijos: el papel de los padres

Muchos padres pagarían a quien les facilitase la receta que les asegure el desarrollo autónomo, equilibrado y maduro de sus hijos. Y lo haría porque son conscientes de que ésta no es una tarea sencilla, ni se consigue de forma inmediata ni a través de una fórmula mágica. Sin embargo, a pesar de no existir una receta, factores como la autonomía, la autoestima, la responsabilidad o la tolerancia a la frustración son claves en la infancia y la adolescencia para prevenir daños en la salud psicológica de la edad adulta. Estos factores protegen el desarrollo y deben fomentarse por parte de los padres ya que aumentan las posibilidades de los hijos de crecer de una forma equilibrada desde el punto de vista psicológico. Fomentar la autonomía en los niños ayuda a dotarles de un carácter independiente. Pese a que necesitan la orientación de los padres, han de aprender a tomar decisiones por sí mismos y asumir responsabilidades de manera progresiva, sin la constante atención de los padres. Para ello es suficiente con proponer, explicar y supervisar las tareas, pero dejando que sea el niño quien la realice aunque tengamos que ir corrigiéndole. Pero para ello, resulta crucial otorgar sólo aquellas responsabilidades que se ajusten a la edad del niño, asegurándonos de que están al alcance de sus posibilidades. También, que vayan tomando sus propias decisiones y aprendan de sus errores. También es importante fomentar la autoestima y la seguridad en uno mismo, de modo que el niño sea capaz de darse un valor positivo a sí mismo para ganar confianza y tomar sus propias decisiones y prevenir un carácter inseguro durante la vida adulta. Un modo de conseguirlo es destacar los logros merecidos. Y es que, en ocasiones, se da más importancia a corregir los errores que los niños cometen y se obvian sus aciertos, y se tiende a censurar al niño en su totalidad más que al acto en sí. En cuanto a la responsabilidad, es un factor muy ligado a la autonomía, que supone que el niño sea consciente de sus actos, tome decisiones y tenga capacidad para reconocer sus errores y solucionarlos con sus propios medios. Es importante porque le va ayudar a adaptarse en entornos donde hay normas que cumplir y a comprometerse con las tareas que se inicie. Pero si hay una tarea difícil para los niños y los adultos, esa es controlar la frustración que se siente; es decir, aceptar que algo es diferente a lo que se ha imaginado o deseado y aceptar las equivocaciones propias. Para ayudar a los niños en esta tarea es necesario responsabilizarles de sus fallos hasta que interioricen que es un sentimiento natural que se puede dar en cualquier contexto y ante el cual no se hay que asustarse, enfadarse ni llorar, sino que es una oportunidad para superarse, sacar el máximo partido a esa situación y aprender de cara al futuro. Todos estos factores protectores del desarrollo se encuentran conectados entre sí, de forma que si se fomenta la adquisición de uno de ellos repercutirá de manera positiva en los demás. Y como decía al principio, no hay una receta ni fórmula mágica para lograrlo, sino que es con unas dosis adecuadas de paciencia, firmeza y afecto como se pueden sentar las bases para que nuestros hijos crezcan sanos desde el punto de vista psicológico. Fernando Bermejo. ¿Necesitas Ayuda? Entra en Tu psicólogo online y Tu psicólogo al teléfono. Estamos cerca de ti.
La manía por el orden

La manía por el orden

La manía por el orden y el afán de perfección y pulcritud que sienten algunas personas puede ser un rasgo muy ventajoso en algunas situaciones, pero también puede ser indicativo de una patología y revelar la existencia de un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). La manía por el orden que sufren algunas personas puede parecer una afección extraña y hasta cómica para quienes no la sufren o no han tenido que convivir con alguien que la padezca. Pero cuando ésta alcanza niveles patológicos puede transformar la existencia en un verdadero infierno. Una cosa es ser extremadamente pulcro, preciso, metódico y ordenado, y otra muy distinta es convertirse en esclavo de rituales y conductas que, además de causar ansiedad y sufrimiento a quien las practica, llevan a ejecutar compulsivamente cierto tipo de acciones siempre en el mismo orden, y siguiendo un patrón de comportamiento obsesivo que las demás personas pueden tomarán por excéntrico y absurdo. Más concretamente, cuando se habla de obsesión por el orden nos referimos a personas que pueden sentir una angustiosa necesidad de ordenar los objetos de su lugar de trabajo, de su vivienda de acuerdo con una rígida disposición milimétrica, por colores y tamaño, o según un patrón totalmente arbitrario. Y el simple hecho de que les cambien de sitio una lámpara, una silla, o cualquier otro objeto, puede provocar que se angustien en extremo; incluso pueden adquirir el hábito de vestirse o asearse siempre en un determinado orden, volviendo a empezar desde el principio si se salta algún paso. A este respecto, conviene también señalar que cuando se trata de una simple manía por el orden, este rasgo particular de la personalidad puede llegar a ser ventajoso cuando el afán por el método, la perfección, la pulcritud, la proporción y la simetría se aplica a cualquier actividad que requiera un alto grado de rigurosidad, precisión y exactitud. Sin embargo, cuando estos rasgos son patológicos se convierten en un claro inconveniente, ya que en exceso entorpecen el rendimiento normal. Llegado a este extremo, es cuando muchas personas buscan la ayuda profesional, después de mucho tiempo en el que se han visto perturbados por su problema, y se han sentido incomprendidos o como personas extrañas que tenían que esconder sus manías. Recibir ayuda psicológica, más concretamente un tratamiento basado en la terapia conductual, la exposición con prevención de respuesta, el cual ha demostrado empíricamente su eficacia, puede servir para dar respuesta a las necesidades de estas personas y dar un nuevo impulso a sus vidas. Este tratamiento consiste en hacer que la propia persona busque aquellos pensamientos y estímulos que teme y se enfrente a ellos, y que, sobre todo, se resista a realizar los típicos rituales compulsivos encaminados a restaurar el orden, la pulcritud o la perfección. Todo ello de manera gradual y programada, bajo la guía del terapeuta el cual le ayudará en todo este difícil proceso. Fernando Bermejo. ¿Necesitas Ayuda? Entra en Tu psicólogo online y Tu psicólogo al teléfono. Estamos cerca de ti.