Nuestros propósitos para el nuevo año
Fernando Bermejo.
¿Necesitas Ayuda? Entra en Tu psicólogo online y Tu psicólogo al teléfono. Estamos cerca de ti.
Fernando Bermejo.
¿Necesitas Ayuda? Entra en Tu psicólogo online y Tu psicólogo al teléfono. Estamos cerca de ti.
Una queja bastante frecuente de las personas que acuden a la consulta de un psicólogo es que dan muchas vueltas a las cosas, el pensar demasiado. Aunque no se puede dejar de pensar ni alcanzar el deseo de muchas de estas personas de poder dejar la mente en blanco, lo que sí es posible y deseable es poder pensar en una cosa cada vez, lograr que los pensamientos no sean tan repetitivos o dejar de tener la sensación de que no se puede dejar de pensar en ellos.
A veces dar vueltas a las cosas tiene que ver con que nos empecinamos en algo, en solo una de las posibles opciones, cuando acercarse a la situación desde una perspectiva más amplia puede ayudar a ver puntos de vista alternativos. También es frecuente cuando tenemos que tomar una decisión, suponiendo que pensar bien las cosas es pensarlas durante bastante tiempo. Sin embargo, decidir con cierta agilidad no tiene porqué ser enemigo de tomar decisiones correctas. El problema de dar excesivas vueltas a una decisión es que podemos llegar a paralizarnos, alargando la toma de una decisión y manteniendo muchas veces una situación que requiere tomar tal decisión. Además, dilatar en el tiempo una decisión no hace que tengamos todo controlado, que no se escape detalle. No debemos ceder a la falacia de que dar más vueltas a las cosas nos lleva a tenerlas más controladas.
No es extraño que detrás de las vueltas que damos a las cosas estén nuestras preocupaciones o nuestros propios miedos. Pero pensar demasiado no permite por sí mismo cambiar el motivo de preocupación ni eliminar ningún temor. Más bien, a lo que contribuye es a centrarnos más en ellos, sin llegar a ningún punto. Y el miedo que supuestamente tendría que surgir ante a una amenaza real, se convierte en la respuesta a una amenaza subjetiva, nuestros pensamientos.
Por ello, es importante centrarse en lo relevante, en las actividades cotidianas, en lo que nos rodea, en lo real, en lo objetivo, sin realizar un intento de suprimir tales pensamientos, sin que se convierta en una lucha abierta contra ellos. Es recomendable distraerse e involucrarse en actividades gratificantes, dejar que los pensamientos sean meros acompañantes, y contribuyendo a que se alejen pacíficamente de nosotros. Y, fundamental, no desplazarse en el tiempo, rumiando aspectos del pasado o dirimiendo cuestiones del futuro que no han sucedido ni sabemos si van suceder. Centrarse en el presente, vivir el presente. Viviendo el presente nos permitimos conectar mejor con nosotros mismos y estar así pendientes de lo relevante, de lo que ahora mismo pasa en nuestras vidas.
Fernando Bermejo. ¿Necesitas Ayuda? Entra en Tu psicólogo online y Tu psicólogo al teléfono. Estamos cerca de ti.
Cada año, por estas fechas, miles de niños vuelven al colegio, lo que implica dejar atrás las vacaciones estivales que tanto han disfrutado. De un día para otro pasan de la despreocupación propia del periodo vacacional a tener que adaptarse a una rutina y disciplina más o menos exigentes. Esto genera, muchas veces, sensaciones entremezcladas de alivio, tensión e incertidumbre en los padres, y de ilusión y nervios en el niño. Encarar este momento, con una buena actitud tanto de los padres como del niño, son las claves para iniciar el nuevo curso con buen pie.
Conviene, por tanto, que los padres y el niño afronten adecuadamente este momento, teniendo en cuenta unas pequeñas recomendaciones. Por ejemplo, se suele recomendar preparar juntos cada día la mochila y el material escolar, hojear los nuevos libros y despertarle la curiosidad por los nuevos temas que va a tener que aprender, contarle historias y anécdotas de la época en la que nosotros, como él ahora, íbamos al cole…
Y en cuanto a nuestra actitud ante el regreso, aunque esto sería extensible al resto del curso, debemos evitar que los niños vean la vuelta al cole como una carga u obligación, sino, más bien, como una situación a la que acompañan novedades, retos y atractivos. Todo lo contrario de lo que muchos padres, sin querer, transmiten a sus hijos. En ocasiones, sin ser conscientes de ello, les hacemos llegar malas vibraciones, cuando criticamos y descalificamos a los profesores, al sistema de enseñanza, al colegio en general, etc.
Tampoco podemos olvidar que también los padres necesitamos nuestra adaptación al nuevo curso, y a veces nos dejamos llevar por cierta negatividad a la que son sensibles nuestros hijos, que olvidan que ir a la escuela es algo positivo y agradable. Allí se divierten, aprenden cosas nuevas y necesarias, conocen a otros niños o vuelven a encontrarse con los amigos que no ven desde que acabó el curso anterior. Esta es la perspectiva que debemos transmitir a nuestros hijos.
A este respecto, también hemos de hacer un esfuerzo de reconocimiento y respeto al profesorado de nuestro hijo, aunque a veces tenga que ir acompañada de cierta crítica sana y constructiva. Eso sí, siempre razonada cuando se hace delante del niño. Entendamos que, aún con sus errores, los profesores ponen un gran empeño en tareas nada sencillas: ayudar a nuestros hijos a crecer, favorecer su proceso de crecimiento personal, educarles en ciertos valores y promover su aprendizaje académico. Estas tareas sólo serán posibles si padres y profesores cooperan y están en sintonía.
En definitiva, afrontemos el inicio del curso con energías renovadas y con optimismo, ya que nos van a hacer falta para afrontar los muchos meses de travesía. Todo tiene su atractivo, y la vuelta al cole también puede ser agradable. Tratemos el regreso al colegio de forma natural, como algo cotidiano y sin darle al acontecimiento más trascendencia de la que tiene. Y sobre todo, que no se nos note a los padres que muchas veces este retorno es más duro para nosotros que para los propios niños.
Fernando Bermejo.
¿Necesitas Ayuda? Entra en Tu psicólogo online y Tu psicólogo al teléfono.
Estamos cerca de ti.
El desarrollo de Internet y de las telecomunicaciones han influenciado enormemente en todas las áreas del saber y del conocimiento humanos. La psicología no se ha quedado al margen y los nuevos sistemas de telecomunicación han posibilitado lo que se ha dado en llamar ciberpsicología.
¿Podemos beneficiarnos de este tipo de orientación, consulta o apoyo psicológicos?
Rotundamente, sí. La tecnología actual permite y facilita que se pueda llevar a cabo desde una consulta a través de correo electrónico hasta la aplicación de un programa de tratamiento a través de Internet, y todo ello de forma cómoda, interactiva, flexible y económica. Los profesionales de Tu psicologo online somos pioneros en España en la utilización de Internet como herramienta terapéutica. Si su problema no está entre los considerados incompatibles con este medio de comunicación, puede recibir asistencia psicológica cómodamente desde su propio hogar o desde el lugar que desee.
La magia de la palabra.
De la palabra parten todas las dudas y las soluciones; la información gestual es sustituida en la consulta por Internet por el estilo, la convicción al escribir, la capacidad de síntesis, la forma de organizar el texto, las inflexiones del habla, la entonación… En la historia de nuestro cliente y en el modo de contarla se esconde el germen de la resolución de sus problemas. Al escribir dejamos un rastro de nuestra alma, un pedazo del corazón… Nuestra labor consiste en determinar las claves de su sufrimiento y ofrecerle la mejor orientación en la resolución de sus problemas.
Confidencias en Internet. ¿Quién dijo que la comunicación no es cálida?
¡Pierda el miedo a consultar sobre sus problemas! Descríbanos su problema o mejor: descúbranoslo. Aplicaremos las estrategias más adecuadas para conocerlo, ofrecerle una explicación sobre sus dificultades y establecer un análisis de los factores que contribuyen o han contribuido a su desarrollo y mantenimiento. De forma similar a la práctica clínica y científica, le proporcionaremos un diagnóstico si es posible, estableceremos una hipótesis sobre la función que tienen sus problemas en su vida y le enseñaremos herramientas psicológicas para aplicar en cada caso y poner fin a sus dificultades.
Sensibilidad y calidez emocional.
En Tu psicologo online también sabemos lo que significa escuchar a nuestros clientes y prestar oídos a sus problemas; y sabemos que escuchando sus problemas se hacen más pequeños para ellos, porque se sienten atendidos y apreciados. Escríbanos sus preocupaciones, sus sinsabores, sus amarguras… Actualmente no tiene sentido que nos resignemos a padecer un trastorno mental o psicológico sin hacer nada por manejarlo, reducirlo o eliminarlo. Desde la primera consulta se verá implicado en una relación terapéutica cálida que favorecerá la resolución de sus dificultades y preocupaciones.
Usted también tiene que poner de su parte.
Normalmente, la asistencia psicológica a través de Internet requiere una mayor implicación y motivación por su parte para la resolución de sus problemas, si lo comparamos con la visita tradicional al psicólogo. Es preciso que posea una cierta habilidad para intercambiar información por vía telemática a fin de facilitar información relevante de cara a la intervención. Aún así, personas que carecen de experiencia en el uso de Internet pueden beneficiarse de la ayuda psicológica que ofrecemos, apoyándose en personas conocedoras de Internet o recurriendo a medios de comunicación más tradicionales, como el teléfono. En Tu psicologo online va a encontrar el servicio más adecuado a sus necesidades y adaptado a sus posibilidades de comunicación.
Fernando Bermejo. ¿Necesitas Ayuda? Entra en Tu psicólogo online y Tu psicólogo al teléfono. Estamos cerca de ti.
Quién no tiene un pariente, un amigo o un conocido que continuamente se lamenta de las enfermedades que cree sufrir? A menudo se tilda a estas personas de quejicas y su entorno más cercano, como familiares y amigos, considera que la única razón de los habituales lamentos es conseguir ser el centro de atención. Sin embargo, en muchas ocasiones, estas personas se enfrentan sin saberlo y sin hallar la comprensión de quienes les rodean a un trastorno crónico y de difícil solución: la hipocondría.
La hipocondría consiste en la preocupación excesiva que una persona siente por su propia salud, una inquietud fuera de lo normal por padecer enfermedades que no se tienen, o por magnificar las ya existentes. Angustia, depresión y el abandono de las actividades habituales para dedicarse al cuidado de uno mismo son algunos de sus efectos más frecuentes.
Para poder diagnosticar este trastorno, debe existir preocupación y miedo a tener, o la convicción de padecer, una enfermedad grave (generalmente relacionadas con determinados cánceres o enfermedades del corazón) a partir de la interpretación personal de ciertos síntomas somáticos; que suelen persistir a pesar de las exploraciones y explicaciones médicas, llegando a provocar un gran malestar o deterioro familiar, social o laboral.
Existen varias causas que pueden producir el desarrollo de la hipocondría, entre las que se encuentran una educación basada en el miedo o la protección excesiva; haber padecido enfermedades durante la infancia; la interpretación incorrecta de ciertos síntomas; experiencias traumáticas relacionadas con la enfermedad o la muerte; o recibir información alarmante sobre enfermedades. También se cree que situaciones de estrés psicosocial, sobre todo la muerte de alguna persona cercana, pueden precipitar la aparición de este trastorno.
Se puede definir a los hipocondríacos como personas obsesionadas por su salud. El mismo hipocondríaco se diagnostica por su cuenta su enfermedad, basándose en los síntomas que cree padecer incluso mucho antes de llegar a la consulta del médico. Una vez allí, y aunque se le asegure que no está enfermo, su preocupación sólo desaparecerá momentáneamente, para volver a angustiarse al poco tiempo. Este es el proceso habitual.
Las personas que rodean a estos enfermos son conscientes del continuo autoanálisis al que se someten: estudian con detenimiento cada pequeño síntoma de su cuerpo, se toman el pulso, la temperatura, la tensión, cuentan las veces que respiran por minuto, analizan sus heces y orinas, sus ojos y su piel. Se trata de personas muy informadas que leen continuamente reportajes y artículos sobre medicina, además de ver todos programas televisivos sobre salud, o se pasan horas realizando búsquedas en Internet. Resulta curioso observar la reacción de estos enfermos ante la lectura de los diversos males, en muchas ocasiones sienten los síntomas según los leen.
Dentro de esta patología hay varios tipos de pacientes: aquéllos que no acuden a la consulta del médico por miedo a que les diagnostiquen una enfermedad y quienes no dejan de acudir a diversas consultas en su empeño de encontrar a un médico que les haga caso, que les tome en serio.
Es difícil encontrar un terapeuta que trate bien la hipocondría. El paciente se resiste a ser atendido porque entiende que su enfermedad es física y no encuentra motivos para ser sometido a terapia. Y aunque acceda y el profesional consiga que supere su sintomatología y miedos, el hipocondríaco tiende a exponer nuevos síntomas y a autoconvencerse de que padece nuevas enfermedades.
De cara al tratamiento, es importante enseñar al paciente cómo afrontar el problema y a que diferencie entre los síntomas reales y los creados. Se utilizan estrategias como la exposición, el control de la ansiedad a través de la relajación, etc. Se dará por terminado el tratamiento cuando deje de sentir miedo a las enfermedades y a la muerte de una manera obsesiva, no siente la necesidad de acudir continuamente al médico y a urgencias, y cesan las habituales quejas y conversaciones sobre probables enfermedades. De esta manera recuperará su bienestar personal y dejará de situar la enfermedad en el centro de su vida familiar, social y laboral.
Fernando Bermejo. ¿Necesitas Ayuda? Entra en Tu psicólogo online y Tu psicólogo al teléfono. Estamos cerca de ti.